CAPÍTULO 16 – Intermedia

Un día estaban el doctor Garza, mi mamá y mi papá en el cuarto.

Yo estaba acostado, mirando al techo.

No estaba intentando demostrar nada. No estaba concentrado en moverme. El cuerpo hacía lo que podía. O no hacía nada.

Y entonces pasó.

El pie.

Mi pie se movió.

No fue grande. No fue limpio. No fue un movimiento de película. Fue apenas un gesto mínimo, torpe, casi involuntario.

Pero esta vez eso bastó.

Mi mamá lo vio. Mi papá también.

El doctor se inclinó sobre la cama y me tocó el pie.

—¿Lo sientes?

Dije que sí. O quise decir que sí.

Entonces lo moví otra vez.

Afuera fue apenas eso: un movimiento mínimo. Pero para ellos no fue mínimo.

El cuarto cambió de temperatura.

El doctor se quedó quieto un segundo. Luego se volvió hacia mi mamá y la abrazó.

—Yo pensé que no iba a poder volver a mover el pie.

Mi mamá lloró.

No como antes. No desde el miedo. Esta vez lloró desde otra cosa.

No resolvía todo. No borraba lo demás. Pero abría una puerta.


Nota: este es un fragmento. Más adelante voy a publicar otras partes del capítulo.