No escuchar no es algo abstracto. Tiene efectos muy concretos en el día a día.

Algunos son cómodos. Otros no tanto.

Con el tiempo he aprendido a identificar qué cosas funcionan a mi favor y cuáles requieren adaptaciones constantes.

Ventajas

Cuando me quito el implante, no escucho nada. Eso significa que puedo decidir cuándo quiero escuchar y cuándo no.

Por la noche, por ejemplo, no me despiertan los sonidos del entorno. No escucho coches pasando, claxons lejanos ni ruidos inesperados.

Tampoco me despierta el perro del vecino.

El sueño se vuelve más profundo. No mejor. Más continuo.

En lugares con mucho ruido, como restaurantes o bares, si la música está muy fuerte o no me gusta, puedo apagar el implante.

No tengo que aguantar el volumen. No tengo que adaptarme al ambiente.

En ese sentido, lo más importante es esto: tengo elección.

Desventajas

No escuchar también tiene limitaciones claras.

Una de las más evidentes es el sonido espacial. Si alguien me habla desde atrás o desde un costado, no siempre sé de dónde viene la voz.

Tengo que girar, buscar con la mirada, confirmar.

Otra desventaja es el despertador. No lo escucho.

Para poder despertarme, duermo con un reloj que vibra. Funciona, pero es una adaptación permanente.

También hay experiencias que cambian por completo.

Ir al cine es una de ellas.

No puedo ver películas en español sin subtítulos. La voz no se entiende lo suficiente como para seguirla sin apoyo visual.

Eso limita qué películas veo y cómo las veo.

No es mejor ni peor. Es distinto.