Antes no pasaba una semana sin marearme.

Hoy ni me acuerdo de la última vez.

Calculo que fue hace unos dos meses. Tal vez más.
Y lo raro no es que no me haya dado.
Lo raro es que no estaba llevando la cuenta.

Porque antes la llevaba siempre.

La pregunta

Con la disautonomía, el mareo no era el único problema.

El problema era la pregunta que venía antes de cualquier plan:

¿Y si me da?

¿Y si me da en la reunión?
¿Y si me da enfrente de gente que no conozco?
¿Y si me tengo que ir a acostar con las piernas arriba en casa ajena?

Casi siempre la respuesta era la misma: mejor no voy.

Los jueves

Los amigos de mi papá se juntan a jugar dominó.
Todos los jueves.

Me invitaban.
Yo no iba.

No por el dominó.
Por la pregunta.

Ahora voy cada jueves.

Sigo sin ser muy bueno.
Pero voy.

Para otro día

En "Preparar el terreno" conté del cumpleaños de mi hermana.
Que fui. Que no me mareé.
Pero que todavía me faltaba soltura.
Que me ponía nervioso pensando en lo que iba a decir.

Dije que eso era tema para otro día.

No voy a decir que ya llegó ese día.
Todavía me cuesta.
No me volví extrovertido de un mes para otro.

Pero algo se movió.

Ya me importa menos que me vean.
Si digo algo absurdo, pues ya lo dije.
Si hago el ridículo, pues ya lo hice.

Nadie se murió.

Lo de alrededor

También dejé de compararme tanto.

Antes me pesaba mucho ver a todos con su pareja.

Mi hermana.
Mi hermano.
Mis primas.

Todos.

Era otra pregunta, parecida a la primera:
¿Y yo cuándo?

Hoy ya no me pega igual.

A veces sí lo pienso. No voy a mentir.
Pero ya no me quedo ahí.

Intento pensar que algún día.

Lo que no sé

No sé exactamente qué cambió.
Tal vez fueron varias cosas al mismo tiempo.

Tampoco sé si los mareos van a volver.
Probablemente sí, en algún momento.

Pero durante años ¿y si me da? decidió a dónde iba y a dónde no.

Últimamente ni me la hago.

Y los jueves hay dominó.